Nosotrxs, Lxs Antidesarrollistas.

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Dibujo Realizado por Quino

Nota: Al final del texto esta el link dejado por lxs compas de Editorial Germinal para descargar el libro Perspectivas Antidesarrollistas de Miguel Amoros. Aprovechamos de saludar y agradecer a lxs compas por el PDF para descargar. 

Extraido de Cultura y Anarquismo

La fe en el crecimiento económico ilimitado como solución a los males sociales ha sido inherente al régimen capitalista, pero no fue hasta los años cincuenta del siglo pasado cuando dicha fe, bajo el nombre de desarrollismo, se convirtió en una política de Estado. A partir de entonces, la Razón de Estado fue principalmente Razón de Mercado. Por primera vez, la supervivencia de las estructuras de poder estatales no dependía de guerras, aunque fueran “frías”, sino de economías, preferentemente “calientes”. La libertad, siempre asociada al derecho civil, pasaba cada vez más por el derecho mercantil. Ser libre fue a partir de entonces, exclusivamente, poder trabajar, comprar y vender libremente, sin regulaciones, sin trabas. En lo sucesivo, el grado de libertad de las sociedades capitalistas vino determinado por el porcentaje de parados y el nivel de consumo, es decir, por el grado de integración de los trabajadores. Y corolariamente, la protesta social más auténtica se definió como rechazo al trabajo y al consumismo, es decir, como negación de la economía independizada de la colectividad, como crítica antiindustrial, como antidesarrollismo.

Pronto, el desarrollismo se ha convertido en una amenaza no sólo para el medio ambiente y del territorio, sino para la vida de las personas, reducida ya a los imperativos laborales y consumistas. La alteración de los ciclos geoquímicos, el envenenamiento del entorno, la disolución de los ecosistemas, ponen literalmente en peligro la continuidad de la especie humana. La relación entre la sociedad urbana y el entorno suburbializado ha sido cada vez más crítica, pues la urbanización generalizada del mundo conlleva su banalización destructiva no menos generalizada: uniformización del territorio mediante su fácil accesibilidad; destrucción territorial por la contaminación y el ladrillo; ruina de sus habitantes por inmersión en un nuevo medio artificializado, sucio y hostil. El desarrollismo, al valorizar el territorio y la vida, era inherente a la degradación del medio natural y la descomposición social, pero, a partir del momento en que cualquier forma de crecer devino fundamentalmente una forma de destruir, la destrucción misma llegó a ser un factor económico nuevo y se convirtió en condición sine qua non. El desarrollismo encontró sus límites en el agotamiento de recursos, el calentamiento global, el cáncer y la producción de basura. Las fuerzas productivas autónomas eran principalmente fuerzas destructivas, lo cual volvía problemático y peligroso las huidas hacia delante. Pero la solución al problema, desde la lógica capitalista, residía en ese mismo peligro. Gracias a él podían convertirse en valor de cambio los elementos naturales gratuitos como el sol, el clima, el agua, el aire, el paisaje… O los síntomas de descomposición social como el vandalismo, la agresividad, los robos, la marginación… El riesgo se volvió capital. Las críticas ecológicas y sociológicas proporcionaron ideas y argumentos a los dirigentes mundiales. Así pues, la nueva clase dominante ligada a la economía globalizada, ha creído hallar la solución en el sindicalismo de concertación, la tecnología policial, el consumismo “crítico”, el reciclaje y la industria verde; en resumen, en el desarrollismo “sostenible” y su complemento político, la democracia “participativa.”

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Dibujo Realizado por Quino.

El crecimiento económico, a partir de los años setenta, no pudo asegurarse más por la mano de obra y pasó a depender completamente del desarrollo técnico. La tecnología se transformó en la principal fuerza productiva, suprimiendo las contradicciones que se desprendían de la preponderancia de la fuerza de trabajo. En adelante los obreros dejaban de ser el elemento principal del proceso productivo, y por consiguiente, perdían interés como factor estratégico de la lucha social. Si los conflictos laborales nunca habían cuestionado la naturaleza alienante del trabajo, ni el objeto o las consecuencias de la producción, puesto que las luchas obreras siempre se movían en la órbita del capital, menos cuestionarían ahora el meollo del problema, la máquina, condenándose a la ineficacia más absoluta como luchas por la libertad y la emancipación. Las ideologías obreristas eran progresistas; consideraban el trabajo como una actividad moralmente neutra y mantenían una confianza ciega en la ciencia y la técnica, a las que suponían los pilares del progreso una vez los medios de producción cayeran en manos proletarias. Criticaban el dominio burgués por no poder desarrollar a fondo sus capacidades productivas, o sea, por no poder ser suficientemente desarrollista. En ese punto demostraron estar equivocadas: el capitalismo, en lugar de inhibir las fuerzas productivas las va desarrollando al máximo. La sociedad plenamente burguesa es una sociedad de la abundancia. Y precisamente es esa abundancia, producto de dicho desarrollo, la que ha destruido la sociedad. En el polo opuesto, los antidesarrollistas, por definición contrarios al crecimiento de las fuerzas productivas, cuestionan los medios de producción mismos, ya que la producción, cuya demanda viene determinada por necesidades ficticias y deseos manipulados, es en su mayoría inútil y perjudicial. Lejos de querer apropiarse de ellos, aspiran a desmantelarlos. No apuestan por la autogestión de lo existente, sino por el retorno a lo local. También cuestionan la abundancia, por ser sólo abundancia de mercancías. Y critican el concepto obrerista de crisis como momento ascendente de las fuerzas revolucionarias. Bien al contrario, el capitalismo ha sabido instalarse en ella y demostrar más capacidad de maniobra que sus supuestos enemigos. La historia de los últimos años enseña que las crisis, lejos de hacer emerger un sujeto histórico cualquiera, no han hecho más que catapultar la contrarrevolución.

La visión del futuro proletario era la sociedad convertida en fábrica, nada esencialmente distinto del presente, en que la sociedad entera es un hipermercado. La diferencia obedece a que en el periodo de dominio real del capital los centros comerciales han sustituido a las fábricas y, por lo tanto, el consumo prima sobre el trabajo. Mientras las clases peligrosas se convertían en masas asalariadas dóciles, objetos pasivos del capital, el capitalismo ha profundizado su dominio, aflojando los lazos que le ligaban al mundo laboral. A su manera, el capitalismo moderno también está contra el trabajo. En la fase anterior de dominio capitalista formal se trabajaba para consumir; en la actual, hay que consumir incesantemente para que el trabajo exista. La lucha antidesarrollista quiere romper este círculo infernal, por lo que parte pues de la negación tanto del trabajo como del consumo, cosa que lleva a cuestionar la existencia de los lugares mal llamados ciudades, donde ambas actividades son preponderantes. Condena esos conglomerados amorfos poblados de masas solitarias en nombre del principio perdido que presidió su fundación: el ágora. Es la dialéctica trabajo/consumo la que caracteriza a las ciudades al mismo tiempo como empresas, mercados y fábricas globales. Por eso, el espacio urbano ha dejado de ser un lugar público para la discusión, el autogobierno, el juego o la fiesta, y su reconstrucción se rige por los criterios más espectaculares y desarrollistas. La crítica del desarrollismo es entonces una crítica del urbanismo; la resistencia a la urbanización es por excelencia una defensa del territorio.

La defensa del territorio, que tras la desaparición de la agricultura tradicional se sitúa en el centro de la cuestión social, es un combate contra su conversión en mercancía, o sea, contra la constitución de un mercado del territorio. El territorio es ahora el factor desarrollista fundamental, fuente inagotable de suelo para urbanizar, promesa de gigantescas infraestructuras, lugar para la instalación de centrales energéticas y vertederos, espacio ideal para el turismo y la industria del ocio… Es una mina inagotable de impuestos y puestos de trabajo basura, algo con lo que poner de acuerdo a las autoridades regionales, las fuerzas vivas municipales y los ecologistas neorrurales, para quienes la cuestión territorial es sobre todo un problema fiscal y de empleos. La lógica de la mercancía está fragmentando y colonizando el territorio desde las conurbaciones, componiendo con todo un solo sistema metropolitano. Las luchas antidesarrollistas tienen pues en la defensa del territorio un dique contra la oleada urbanizadora del capital. Intentan que retrocedan las fronteras urbanas. Son luchas por la recuperación del colectivismo agrario y por la desurbanización. Pero también son luchas que buscan el reencuentro y la comunicación entre las personas, luchas por el restablecimiento de la vida pública.

Para que el antidesarrollismo llene de contenido las luchas sociales ha de surgir una cultura política radicalmente diferente a la que hoy predomina. Es una cultura del “no”. No a cualquier imperativo económico, no a cualquier decisión del Estado. No se trata pues de participar en el juego político actual para contribuir en la medida que fuere a la administración del presente estado de cosas. Se trata mejor de reconstruir entre los oprimidos, fuera de la política pero en el seno mismo del conflicto, una comunidad de intereses opuestos a dicho estado. Para eso la multiplicidad de intereses locales ha de condensarse y reforzarse en un interés general, a fin de plasmarse a través del debate público en objetivos concretos y alternativas reales. Una comunidad así ha de ser igualitaria y estar guiada por la voluntad de vivir de otro modo. La política antidesarrollista se basa en el principio de la acción directa y la representación colectiva, por lo que no ha de reproducir la separación entre dirigentes y dirigidos que conforma la sociedad vigente. En esa vuelta a lo público, la economía ha de regresar al domus, ha de volver a ser lo que fue, una actividad doméstica. La comunidad ha de asegurarse contra todo poder separado, por un lado, organizándose horizontalmente mediante estructuras asamblearias, y controlando lo más directamente posible a sus delegados o enlaces, de forma que no se conviertan en jerarquías formales o informales. Por el otro, rompiendo la sumisión a la racionalidad mercantil y tecnológica. Nunca podrá dominar las condiciones de su propia reproducción inalterada si actúa de otro modo, es decir, si cree en la tecnología y en el mercado, si reconoce alguna legitimidad en las instituciones del poder dominante o adopta sus métodos de funcionamiento.

Para recuperar y desactivar la rebelión social, principalmente juvenil, contra las nuevas condiciones de la dominación, las que obedecen al mecanismo de construcción/destrucción/reconstrucción típico del desarrollismo, se pone en marcha una versión degenerada de la lucha de clases, los llamados “movimientos sociales”, plataformas inclusive. Puesto que ya no se quiere otro orden social, el mito del “ciudadano” puede sustituir cómodamente al mito del proletariado en los nuevos esquemas ideológicos. El ciudadanismo es el hijo más legítimo del obrerismo y del progresismo caducos. No surge para enterrarlos, sino para revitalizar su cadáver. En un momento en que no hay más auténtico diálogo que el que pueda existir entre los núcleos rebeldes, aquél sólo pretende dialogar con los poderes, hacerse un hueco desde donde tratar de negociar. Pero la comunidad de los oprimidos no ha de intentar coexistir pacíficamente con la sociedad opresora pues su existencia no se justifica sino en la lucha contra ella. Una manera de vivir diferente no ha de cimentarse en el diálogo y la negociación institucional con la forma esclava precedente. Su consolidación no vendrá pues ni de una transacción, ni de una crisis económica cualquiera, sino de una secesión masiva, de una disidencia generalizada, de una ruptura drástica con la política y con el mercado. En otras palabras, de una revolución de nuevo tipo. Puesto que el camino contrario a la revolución conduce no sólo a la infelicidad y la sumisión, sino a la extinción biológica de la humanidad, nosotros, los antidesarrollistas, estamos por ella.

El pensamiento antidesarrollista o antiindustrial no representa una nueva moda, una crítica puramente negativa del pensamiento científico y de las ideologías progresistas, o un vulgar primitivismo que propugna retroceder a un momento cualquiera de la Historia. Tampoco es una simple denuncia de la domesticación del proletariado y del despotismo del capital. Menos todavía algo tan mistificador como una teoría unitaria de la sociedad, propiedad de la última de las vanguardias o del último de los movimientos. Va más allá que eso. Es el estadio más avanzado de la conciencia social e histórica. Es una forma determinada de conciencia de cuya generalización depende la salvación de la época.

Miquel Amorós
Manifiesto del 7 de marzo de 2010

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2ª Feria del Libro y Propaganda Anarquista. Santiago, $hile.

Segunda Feria del Libro y la Propaganda Anarquista de Santiago 2013
2Feria del Libro Anarquista
Compañeros y compañeras Informamos que durante los días 6 y 7 de Abril de 2013 se realizará la Segunda Feria del Libro y la Propaganda Anarquista de Santiago, en la región chilena.

Entusiasmados con el buen resultado de la primera versión y entendiendo la necesaria continuidad de esta instancia, esperamos en esta oportunidad, ampliarla, diversificarla y proyectarla efectivamente en el tiempo.

La Feria del Libro y la Propaganda Anarquista es un espacio y un momento de intercambio y autoeducación cultural libertaria. Surge de la necesidad de conocernos y se orienta a incentivar la creación de expresiones de difusión (libros y folletos, radios y medios libres, periódicos y revistas, etcétera), así como al intercambio de los diversos saberes que orbitan en la lucha por superar esta sociedad autoritaria (ecologismo, literatura, historia, educación, arte, entre otras cosas).

El contenido y la diversidad del encuentro dependerán de la participación y ayuda de los compañeros y compañeras interesadas. Por ello se invita a formular talleres, foros, espacios temáticos, lanzamientos de libros, entre otras actividades, para que tengamos unos buenos días de rebelión y alegría. Tomen nota de la fecha los viajeros y viajeras que vendrán de provincias y del otro lado de las fronteras arbitrarias que los Estados nos han impuesto. Pongan su mente y sus manos a imaginar y crear.

Se estará informando de actividades de apoyo, dirección definitiva de la Feria, cronograma de actividades y otros detalles. Por el momento sugerimos difusión e invitamos a entusiasmarse y participar activamente de esta nueva versión de nuestra feria de la cultura anárquica.

Salud y acción.

Segunda Feria del Libro y la Propaganda Anarquista de Santiago
(Abril 2013)
Santiago, Región Chilena, Diciembre 2012
ferianarquistastgo@gmail.com

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Apología del Ilegalismo


Si la furia del pueblo igualara a su paciencia, nadie se atrevería a convertirse en gobernante”
R.F.R.

 Abúlicos y decepcionados; cínicos y arrogantes; melancólicos e introvertidos, incluso confiados y, aparentemente, satisfechos; vivimos todos nosotros sumidos en el más profundo de los temores. Hay miedo al futuro, al porvenir, a lo que nos deparará un inexistente “destino”, al ensañamiento con que podría tratarnos la vida. También hay miedo al pasado, a lo pretérito, a los “esqueletos del armario”, a la descodificación de nuestros “demonios”… y en cada uno de esos casos se repite una constante: Miedo al Castigo.

La ingenuidad -que no perdemos ni en nuestra vejez- consiste, precisamente, en el supuesto desconocimiento de dicho fenómeno.

Tenemos miedo a que nos reprueben por lo que “podemos” llegar a hacer, y miedo a que nos fustiguen por lo que “hemos” hecho. No nos importa comprender “porqué” se nos castiga, ni descubrir “quién” lo hace, ni cuestionar la “superioridad” de quién se arroga el derecho de aplicarnos la férula. Si se nos castiga: “algo habremos hecho para merecerlo”, quién nos castiga: “es siempre un organismo que vela por el orden y la seguridad”, su “superioridad” reside: “en que los individuos que lo componen son un dechado de virtudes, con una solvente y elevada catadura moral”… sí, a estas mamarrachadas llega la dialéctica jerárquica.


No queremos cuestionar la dudosa belleza de estos eufemismos; nos atreveremos, sin embargo, a remover su fondo. Si se nos castiga: “es únicamente porque alguien obtiene un rédito de ello”, quién nos castiga: “es siempre un organismo represor que fomenta el abotargamiento y el miedo”, y su “superioridad” reside: “únicamente en la fuerza bruta”, es esta, y no otra, la “virtud augusta” sobre la que reposa su cetro.

Sin temor a caer en “dogmatismos” hacemos nuestras las palabras de Albert Libertad: “Todas las leyes son malvadas, todos los juicios son inicuos, todos los jueces son malos, todos los condenados son inocentes”.

Interroguémonos detenidamente ¿Acaso quiénes nos castigan son mejores que nosotros? No; sencillamente sus intereses -por cierto, nada altruistas- son distintos que los nuestros: nuestra igualdad material mermaría radicalmente sus ganancias, nuestra expansión creativa aboliría su mecanicismo industrial, nuestra voluntad paralizaría la rueca que hace girar su sistema, nuestra felicidad consciente y autosuficiente invalidaría su tutela, y en definitiva, nuestra Libertad erradicaría su Poder.

Insalvablemente estas antinomias deberían de emplazarnos al conflicto, sin embargo, el hecho de que el Estado haya sabido ceñirse como una correa al cuello de la Sociedad, y que esta correa haya sido “sabiamente” manejada, tanto por los “prohombres” del capital “blanco”, como por los “próceres” de la política “roja”, es lo que ha determinado que sus intereses hayan prevalecido sobre los nuestros. Es esta dinámica la que establece, tal y como decía Stirner, “que nuestra violencia sea un crimen y la suya un derecho”, que nuestros atentados contra la propiedad sean un “robo” y que su habilidad para esquilar a los “rebaños humanos” sea considerada “iniciativa empresarial”.


Ya Sade les conminaba a “abrir las cárceles o a suministrar la prueba, imposible, de su virtud”, hace más de 200 años de aquello y aún no han pasado ninguna de las dos cosas… será menester entonces empezar a “tomar”; y tildar de imbéciles a todos aquellos que sigan esperando “recibir”.

No queremos encubrir nuestro llamamiento: convocamos a todo Individuo a violar todas y cada una de las leyes y preceptos que se le impongan y que no estén en plena concordancia con su propia sensibilidad. Nosotros no queremos teorizar, ni resignarnos, ni aguantar los latigazos con la esperanza futura de que nos cubra una “Gran Noche”. Nosotros queremos Vivir. No hace falta cultivarse, ni fortalecerse, ni “reflexionar fríamente”; llevamos siglos de “reflexión”, de “aprendizajes” y “gimnasias”, lo que queremos es, llanamente, Existir, con toda la fuerza de la palabra. Si esto incluye todas las demás cosas, hagámoslas sin más, pero que no sean estas un prerrequisito para la vida, lo que pretendemos es todo lo contrario: queremos que todas esas cosan sirvan como un medio para facilitar y hacer más gozosa la vida; y no que la vida sea un medio para lograr alcanzar todas esas cosas.

Queremos aullar allí donde nos apetezca, queremos pensar en todo aquello que deseemos, y queremos poder expresarlo de la forma que mas gustemos; queremos escribir, cantar, pintar, y danzar tal y como se nos antoje; queremos comer, beber, dormir y vivir tal y como decidamos, y queremos que todas estas cosas puedan estar al alcance de todos y cada uno de nosotros.

Tal y como decía Kropotkin: “Nuestra acción debe ser la rebelión permanente con la palabra, con la letra impresa, con el puñal, con el fusil, con la dinamita. Como rebeldes que somos, actuamos consecuentemente y nos servimos de todas las armas para golpear. Todo es bueno para nosotros, excepto la legalidad”.

Este planteamiento adquiere sus tintes más prácticos en estos días de hambres y censuras. Queremos que el nómada tome posesión de un techo, sin más prescripción que su Voluntad. Queremos que el famélico asalte los insultantes expositores de abundancia, y que el sediento satisfaga sus pulsiones biológicas allá donde le plazca. Queremos poder maldecir, una y mil veces, a quienes negocien con la cultura, queremos poder llamar ladrones a todos esos hijos de la gran S.G.A.E, ladrones y cien mil veces ladrones, que no contentos con vaciarnos el estómago pugnan por vaciar nuestras cabezas. Queremos poder condenar al tártaro a todos los abortos cortesanos que día tras día sigue vomitando la Monarquía, queremos poder recomendar la guillotina para una institución que ya nació bajo el signo de la caducidad y la decadencia, queremos poder gritar que Juan Carlos I debe también ser el último, y que su cabeza debería descansar dentro de una cesta; y no debajo de una corona.

¿Os suenan fuertes estas palabras? Pues he aquí, ante vuestros ojos, una prueba fehaciente de ese miedo “invisible” del que antes os hablaba.

¿Os da miedo el Ilegalismo? sí, a todos vosotros, esos que clamáis por la “Revolución y la Redención Humana”, entonces desterrad de vuestros labios esos términos, pues, parafraseando a Mauricius, “¿Qué es la Revolución más que un acto de Ilegalismo en masa?”.

*La imagen correspende al Rey condenado a la Guillotina

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Sobre el 15m y la huelga general en Barcelona

 

 

Transcrito del número 4 del periódico anarquista Aversión (aversion(a)riseup.net)

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Editorial

Hace exactamente un año, en todo el Estado español comenzaba una ola de protestas y movilizaciones de lo más heterogéneas. Hace un año también, y en parte impulsados por una necesidad de ser críticos con algunos aspectos de esas movilizaciones de tinte socialdemócrata, «medioclasistas» e irracionalmente pacifistas, y por la necesidad de expresar nuestra postura como anarquistas, decidimos crear esta publicación. Por cuestiones puramente materiales el primer número vio la luz en formato fanzine y decidimos dedicarlo a lo que en aquel momento se denominó mediáticamente spanish revolution, pero, en lugar del nombre actual del periódico, con el nombre de ¡Enrabiaos!.

Decidimos hacer una publicación anarquista, un medio pensado en «nosotros», un nosotros no muy amplio pero sí lo suficiente como para que lo que se refleje en estas páginas pueda aportar algo a la crítica e intentar mínimamente «informar» de una manera distinta a la que rige actualmente en la inmediatez virtual, con un poco de profundidad sobre algunos hechos, y a la vez, cosa muy importante para nosotros en el proyecto, que sirva de espacio para publicar contribuciones e ideas de nuestros compañeros encarcelados. Ya hace un año que comenzamos con el proyecto y, para ser sinceros, todos esos males que suelen asolar a las publicaciones —y hemos participado en unas cuantas para conocerlos— todavía no nos han afectado: el desgano, el sentimiento de obligación, la falta de ideas o material escrito, la carencia de compromiso serio y, a largo plazo, todas esas cosas que hacen que un proyecto así muera (tantas veces disfrazado de un «no hay dinero para seguir»).

De aquellas movilizaciones que en muchos sitios se caracterizaron por ocupaciones de plazas y demás espacios, y en las cuales algunos de los que participamos en Aversión no hemos participado (por decisión consciente) y otros lo hemos hecho mínimamente, han salido cosas negativas —de las cuales no tendríamos que opinar si no fuese porque directamente nos afectan— y otras para nosotros positivas que recuperan aspectos del encuentro con el otro que, si bien ya existían de mil maneras distintas, han tomado forma y aumentado, como las Asambleas de Barrio y las Redes de Apoyo Mutuo1. De todo esto y desde una perspectiva anarquista/antiautoritaria recomendamos la lectura de algunos textos de análisis: «Un brindis al sol» en los números 2 y 3 de la publicación madrileña Tensión, el texto «Tésis sobre la indignación y su tiempo» del colectivo editorial Ediciones El Salmón, y el dossier del número 39 de la revista vasca Ekintza Zuzena.

***

Hecha esta introducción y más allá de lo dicho anteriormente, algo deja evidenciar que la «protesta social»22 parece revivir en estos últimos años y salir del largo letargo que el bienestarismo material se encargó de forjar mediante toda esa lluvia de pesetas y euros, de promesas e ilusiones que hicieron a muchas personas creerse la más antigua de las fábulas del sistema capitalista: que el confort económico individual acabaría con todo el malestar que este Sistema crea y que con una hipoteca o dos se subiría automáticamente de clase social. Muchas personas salen a protestar por «lo que se pierde»: derechos laborales, seguridad social (asistencia sanitaria, prestaciones, etcétera), educación. Es decir, las llamadas «conquistas» sociales. El monstruo que es el capitalismo está hambriento y, como no podía ser de otra manera, se va a comer primero a quien tenga más cerca, a sus pies. Los pobres nunca hemos dejado de ser su carnaza favorita.

Entre las fábulas del capitalismo, otra muy extendida es la de que esas «conquistas» nos convertían automáticamente en co-partícipes de algo. ¿Nosotros, los esclavos, gestionando a medias con nuestros amos y sus defensores el tamaño de nuestras jaulas y cadenas? Los que no nos hemos creído esos cuentos sabemos que esas «conquistas», conseguidas con la lucha y la sangre de los inconformistas de antaño —y no mediante performances, peticiones cívicas o participando en el juego electoral—, sólo eran placebos momentáneos. Pero pese a nuestra concepción negativa, entendemos el actual momento de lucha.

Cuando salimos a luchar contra la reforma laboral, como por ejemplo en la huelga general del 29 de marzo pasado, no es con la idea de que las condiciones actuales sean «defendibles», sino porque sabemos que la situación va a ser peor, y eso es mucho decir con la mierda de situación que ya llevamos viviendo; ni salimos en defensa del trabajo asalariado, la forma más perfecta de anulación que el Sistema posee, sino porque sabemos que las cosas empeorarán. Por eso mismo, cuando luchamos contra las pésimas condiciones de los presos y contra «la cárcel dentro de la cárcel» que es el régimen FIES, no buscamos unas cárceles más humanas sino que queremos verlas a todas destruidas. Cuando combatimos la violencia policial no lo hacemos porque pensemos que una policía puede ser menos violenta o más democrática, sino porque estamos en contra de toda forma de opresión, y la violencia policial —sus redadas racistas, sus porrazos y pelotazos en las manifestaciones— es la que más fuerte nos golpea.

Es difícil escapar a la concepción lineal del tiempo. Seguramente en este mismo texto se asome. Pero no es más que un concepto. La historia de los oprimidos, la única que podríamos considerar «nuestra» historia, nunca puede ser lineal. Por eso, no compartimos la idea de que las «reformas» nos transportan, como si de un cuento de ciencia ficción se tratase, a una época anterior o a los orígenes del obrerismo, o sea, unos pasos hacia atrás sobre esta supuesta línea del tiempo. Aquí es necesario escapar por un momento del concepto lineal del tiempo difundido tanto por las interpretaciones religiosas como racionalistas: no hay posibilidad de mejoría en nuestras condiciones de existencia si se tiene por «mejoría» al perfeccionamiento en las formas de producción, de control, de explotación. Resumiendo: no podemos creernos la idea de que nuestras condiciones de vida —entendiendo un «nosotros» como el conjunto de los oprimidos y los explotados en nuestra realidad europea— son objetivamente mejores que hace 20, 50 o 150 años si tenemos en cuenta que el capitalismo no ha parado de crecer, de expandirse y de modificar sus maneras de colonizar y hacer guerras en el resto del planeta, y al mismo tiempolas guerras a los pobres y rebeldes dentro sus propias fronteras.

Se asoma una noche, una larga noche. Y la noche, recurso fácil tanto de la parábola y la poesía como de todo tipo de escritura, puede representar la oscuridad, entendida como un concepto negativo. En este sentido, se asoman tiempos difíciles y duros, los defensores de lo que reina lo dicen abiertamente en sus discursos y con sus leyes: endurecimientos penales, prohibiciones y amenazas en todas partes, odiosas comparaciones que las anécdotas recientes nos han hecho ver y nos han enseñado como funcionan sus trucos. Pero una noche que más que para dormir nos servirá para despertar de esa ilusión de bienestar que fuera de los confines de la Europa Fortaleza y sus satélites nunca arraigó completamente.

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Todos los fuegos el fuego

Notas sobre la huelga general del 29M en Barcelona

Es difícil hablar de la huelga general del 29 de marzo pasado en Barcelona sin hablar de la reacción de los políticos y del tratamiento mediático, y aunque lo interesante sería hacer un esbozo de lo sucedido sin pensar en el bombardeo mediático, también es una muestra de que la situación ya no es la misma.

Tratamiento mediático

Nada nos sorprende la reacción de los medios, después de todo no son más que representantes de ciertos grupos políticos y económicos, en unos casos, o meros lacayos que van para donde el viento sople. Pero es interesante ver como desde ya un mes antes de la huelga, después de la fallida huelga de trabajadores y usuarios de TMB3 (donde hubieron cortes de carreteras, sabotajes a autobuses en zonas céntricas de la ciudad y destrozos de máquinas y puertas de algunas paradas de metro) y después de los pequeños disturbios en la manifestación de estudiantes el día 29 de febrero pasado, los medios comenzaron a hablar de encapuchados y de «aquellos que no dan la cara», discurso que enseguida caló en un sector de la población a la hora de hablar de aquellos que revientan un banco o un autobús.

Vándalos, violentos, encapuchados «que no dan la cara» —obviando las consecuencias que acarrea el «dar la cara» en todo momento y lugar—, gamberros, kale borroka, etcétera; la influencia de opinólogos y tertuliadores varios ha entrado rápida e integralmente en el lenguaje de mucha gente, contribuyendo a dejar de lado otros aspectos de más peso con respecto a la huelga y, en particular, ciertas cuestiones fundamentales a la hora de pensar en los disturbios: ¿qué es lo que destrozan estos vándalos y por qué, y contra quiénes se enfrentan?

Lo interesante no es evitar la criminalización ni contrarrestar la propaganda oficial, sino encontrar la manera de que esos discursos no creen una niebla todavía más espesa que impida comprendernos entre nosotros. ¿Qué «nosotros»? Aquellos quienes más allá de sutiles diferencias podemos llegar a un entendimiento y a una aspiración común.

La situación actual

La huelga general —convocada por los sindicatos y secundada por mucha gente que nada tiene ni quiere tener que ver con éstos— fue en parte una respuesta a la reforma laboral, pero no sólo. La situación es asfixiante para mucha gente pero sería un error verla simplemente como consecuencia de una mala gestión, de una pérdida de derechos y más cuentos, porque en realidad es una situación proporcional a la necesidad de reconversión del capitalismo.

Es interesante observar que mientras el lenguaje apocalíptico no hace más que intentar asustar, presentando la situación como «la crisis de las crisis» y proponer un sinfín de reajustes —económicos, pero también sociales, políticos, judiciales—, cada vez más gente se está dando cuenta de que la «crisis» y sus amargos remedios no son otra cosa que la otra cara de la moneda del sistema capitalista. Además, aunque ahora mismo la reforma laboral parece ser el ataque más cáustico contra los explotados, establecer cual de estos remedios es o será el más dañino se está volviendo una tarea cada vez más inútil. La rabia y la desesperación —causadas por los sufrimientos que ya ensombrecen casi cualquier aspecto de nuestras vidas— no tienen hambre de promesas ni sed de esperanzas. Y la oscuridad que traen los que dominan se convierte fácilmente, como siempre, en la aliada perfecta de la furia que no necesita ojos para ver donde golpear.

De hecho, no debería ser tan difícil entender por qué los jóvenes salen a destruir escaparates de bancos, empresas multinacionales y a enfrentarse con la policía… pero también a chocar con los partidos y sindicatos, los gestores de la situación actual. Esa es la parte de la historia que se intenta evitar a la hora de hablar de los «violentos», o sea, la parte que revela hacia donde está dirigida esa violencia.

En 2011 se solicitaron 58.241 peticiones de desahucios: miles de familias se quedaron en la calle por no poder pagar el alquiler o las hipotecas a los bancos, principales interesados en echar a personas de sus casas. No por casualidad los bancos fueron los más afectados—materialmente— por los disturbios de la huelga. No por casualidad, ha sido golpeada aquella usura contra familias enteras que se ven durmiendo en la calle de un día al otro, sin nada, muchas sin siquiera un ingreso: sobre esa violencia no se suelen gastar palabras, y cuando se la menciona, siempre se la minimiza y se la trata de simples «daños colaterales de la crisis». Pero los desahucios son sólo una de las innumerables formas de violencia que los bancos ejercen contra los pobres.

Las muertes y torturas a manos de la policía —que, como bien sabemos, no se dedica a ayudar a cruzar a las ancianas y a rescatar gatos de los árboles— son tan habituales como siempre. Aunque a menudo se la intenta esconder entre los muros de las comisarías y prisiones, se está difundiendo la conciencia de la violencia policial debido a que últimamente, para ver como se ejercita la represión, basta con acercarse a cualquier manifestación, donde a la mínima sacan a relucir sus porras y pelotas de goma. Sorprende que éstas últimas, llamadas absurdamente armas «no letales», aún no hayan dejado muertos en Barcelona4, aunque los huesos rotos, órganos dañados y ojos perdidos se cuentan por cientos. También cotidianamente en las calles de los barrios pobres de nuestra ciudad la policía hace el trabajo sucio y racista de molestar, increpar y detener a los indeseables, aquellos que no encajan en la Barcelona que tanto gusta promocionar y vender a los turistas.

Rosa de Foc vs Marca Barcelona

Recientemente el Ayuntamiento de Barcelona ha hecho pública la noticia de que se encuentra a la espera de que en un breve plazo se le otorgue la patente exclusiva para el uso de la denominación «Barcelona» como marca y así vender, según sus propias palabras, «productos y servicios vinculados al municipio o a su zona de influencia metropolitana» que sirvan para potenciar «el valor simbólico, el prestigio y la buena reputación» de la ciudad. Nada nuevo. Ya desde la Exposición de 1888 se intenta hacer de la ciudad una marca más que vender, y hoy como en aquel entonces la burguesía local busca eliminar a los «hostiles» a este proyecto. En un contexto así, de limpieza de la ciudad, se puede entender al Conseller de Interior Felip Puig cuando dice que la huelga en Barcelona fue «la expresión más radical de la violencia urbana en un intento de los vándalos de hacer una huelga a la griega y convertir la capital catalana en la rosa de foc», esto último evocando la quema de iglesias y las barricadas por toda la ciudad durante la Semana Trágica de 1909. La comparación con Grecia no es nueva: desde el comienzo de la revuelta griega de 2008, los políticos hablan del riesgo de que aquella contagie, como si de una gripe se tratara, al Estado español y de que era (y sigue siendo) necesario tomar medidas preventivas; pero está claro que la austeridad orquestada desde arriba —las mismas medidas que afectan tanto quienes viven en Grecia como en el Estado español— puede provocar reacciones similares a aquellas vividas en las calles helénicas.

Los sospechosos habituales y «los que imitan»

Los gobernantes reconocieron que «ya no son los 300-400 de siempre5, sino que hay unos 2.000 que se suman a éstos», y lo que les jode o asusta es que esos «que se suman» no son sólo una cifra: son la prueba de que los oprimidos tienen una manera de reconocerse como iguales, como explotados, y es mediante el enfrentamiento. Confinar los disturbios del día de la huelga a la acción de un grupo «reducido y marginal» es parte de la estrategia de separación. El «ya no tenemos miedo» se escucha cada vez más en los gritos y se ve cada vez más en los actos. Reduciendo lo que sucedió ese día a un grupo de «profesionales de la violencia» y otros «que los imitan» (que es básicamente la construcción político-mediática de lo sucedido), buscan quitar peso a una realidad que, más allá de lo que intentan difundir, es evidente: la rabia no va a parar de crecer y será proporcional o superior a la miseria en la que buscan sumergirnos. Claramente, si no fuese por el chantaje judicial, el miedo a perder un ojo —o la vida— de un pelotazo, a ser gaseado o apaleado, el número de lo que ellos llaman vándalos sería aún mayor. Pero no nos anticipemos a los hechos.

Mismos fuegos

Las hogueras que ardieron en Barcelona no son un hecho aislado y eso es algo que no habría que olvidar. Por más que repitan hasta el hartazgo el mismo y monótono disco rallado, las mismas frases y las mismas mentiras, sabemos que lo que aquí se vivió está estrechamente conectado con las revueltas que acontecen en diferentes partes, y que guardan una intimidad con esos hechos. Los reajustes del Sistema están afectando cada vez a más gente. Y si los mismos medios se encargan de difundir el famoso «mal de muchos, consuelo de tontos» cuando se refieren a las medidas tomadas aquí, que son las mismas que se están tomando en otros sitios, ¿por qué las respuestas no deberían ser las mismas también? Además, no es como algún delirante periodista afirmó recientemente —que los disturbios de la huelga tienen una matriz aquí o allá6—, sino que hay una conexión entre todos los estallidos, como los que sucedieron y suceden en Grecia, Inglaterra, Francia o hasta en pequeñas localidades como Salt, en Cataluña, o en Val di Susa, valle del norte de Italia. Estamos hartos de las cadenas que nos hacen esclavos y de que éstas sean cada vez más cortas, de que la policía golpee a nuestros hermanos por las calles, de que políticos xenófobos se paseen haciendo su propaganda racista con una sonrisa en la cara, de que los planes del capitalismo y su desarrollo nos destruyan. Y eso es lo que compartimos, eso es lo que nos lleva a pensar que el fuego que arde aquí es el mismo fuego, que todos los fuegos son el mismo fuego.

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Este panfleto que añadimos a continuación, circuló durante la huelga general del 29M y lo reproducimos pues lo consideramos importante para continuar nutriendo nuestras reflexiones en torno a la protesta social, y nuestra participación crítica durante su desarrollo.

CONTRA EL CAPITAL.

ACCIÓN DIRECTA Y ORGANIZACIÓN FUERA Y CONTRA DEL SINDICALISMO

El deterioro cada vez más insoportable de las condiciones de vida de los proletarios avanza al ritmo frenético del proceso de producción y circulación mercantil. No hay ni un pedacito de planeta que escape a la lógica de la economía. Sangre, muerte, miseria, explotación, opresión, destrucción, alienación… esa es la base material de la que se alimenta el progreso, la civilización, el capitalismo.

Los incesantes y crueles latigazos que castigan nuestra maltrecha existencia en todos los ámbitos de nuestra “vida” son la expresión más cristalina de la esencia de esta sociedad. La salud de la economía, de la empresa, está por encima de la vida humana. La cuenta dineraria de los burgueses domina el mundo. Los esclavos asalariados deben sacrificarse para mantener en pie su propia esclavitud. La vida de la inmensa mayoría de la humanidad debe ser llevada más allá de cualquier límite para salvaguardar las arcas del capital, para evitar la bancarrota de este sistema moribundo. Los gobiernos de todo el mundo y de todos los colores, en tanto que representantes del mundo del dinero, aplican las mismas medidas terroristas que exige el capital por todos lados.

Frente a esto, los proletarios sólo tenemos, como siempre, dos alternativas: luchar o reventar. Organizarnos para defender nuestras necesidades frente a las de la economía capitalista, o agachar la cabeza y aceptar como corderitos los sacrificios que nos imponen y que nos coloca en el matadero mediante hambre, guerras, deterioro de salud, mediocridad cotidiana, destrucción del planeta…

Dejemos de engañarnos, dejemos la fe para los religiosos, no hay medias tintas. Las reformas, las diversas alternativas que nos ofrecen un capitalismo de rostro humano, con diferentes formas de producción y distribución, el gestionismo, el ciudadanismo, el decrecimiento, la antiglobalización, el recambio en el gobierno, las negociaciones sindicales y todas las demás variantes que pretenden cambiar el mundo sin revolución, son maniobras para enredarnos y destruir toda tentativa de lucha. Son mecanismos y aparatos para colarnos todo lo que quieran.

Si hoy los sindicatos nos llaman a un paro general, que osan llamar huelga, y hablan de “salir a la calle” es precisamente para sabotear nuestra lucha. Para encuadrarnos, para controlarnos, para mantener la paz social mediante simulacros de oposición. Para que las respuestas a los ataques contra nuestras condiciones de vida transcurran por los cauces legales de la democracia, lo que significa que todo siga igual o peor aún. Recordemos el pasado paro del 29 de septiembre de hace dos años que ejemplifica esa parodia que canaliza el descontento social.

No es ningún descubrimiento afirmar la imposibilidad de luchar bajo el corsé del sindicato, o del partido. Nuestra historia, la historia de la lucha de clases, nos enseña con terribles derrotas esta evidencia. Ignorarla permite reforzar los grilletes que nos mantiene sometidos a la dictadura democrática del capital. Allí donde acaban los aparatos del Estado y comienza la organización autónoma del proletariado para derribar al capital, comienza también la posibilidad de una vida humana. Asumir esta necesidad y estructurar nuestra lucha rompiendo toda separación sectorial, toda ideología, en tanto que falsa consciencia de la realidad, y todas las divisiones que nos imponen (parados/activos, temporales/fijos, autóctonos/inmigrantes, estudiantes/trabajadores…) es hoy tan indispensable como respirar en un entorno sin polución.

Desde luego no será con un paro sindical, ni con firmas y suplicas de buenos ciudadanos pidiendo clemencia a sus amos, ni con pacíficos paseos por las calles, ni nada por el estilo como podamos hacer frente al deterioro de nuestra miserable “vida”. Será, como siempre, unicamente con la violencia organizada de nuestra clase tomando la calle, haciendo saltar por los aires a todo ese circo reformista, asumiendo de forma intransigente la lucha contra la dictadura de la economía para imponer las necesidades humanas, para defender la vida frente a la muerte, será así como conseguiremos oponernos realmente a los ataques del capital y plantear la supresión de todas las condiciones

existentes.

– Impidamos la circulación de la mercancía. Cortemos las carreteras, las vías de tren…

– Bloqueemos la producción. Organicemos piquetes en fábricas, oficinas, colegios…

– Expropiemos la producción acumulada en supermercados, almacenes…

– Boicoteemos u ocupemos los medios de comunicaciones burgueses.

– Organicémonos para combatir la represión.

– Rechacemos todo sacrificio, toda defensa de la economía nacional.


LA ECONOMÍA ESTÁ EN CRISIS… ¡QUE REVIENTE!

CONTRA LA DICTADURA DEMOCRÁTICA DE LA ECONOMÍA…

…POR LA DICTADURA DE NUESTRAS NECESIDADES HUMANAS

Proletarios Internacionalistas

proletariosinternacionalistas@yahoo.com

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Muchas veces nos abstraemos de la situación que pasa en otras latitudes y solo nos encargamos de difundir dicho proceso de protesta social o revuelta ciudadana sin reflexionar desde nuestra propia posición local un problema estructural y global. No pretendemos hacer un profundo análisis de esta situación, o quizás no en este preciso momento, pero quisiéramos tomar algunos puntos en consideración de un interesante aporte que nos han enviado unxs compañerxs y hacer nuestro humilde contribución. A ellxs agradecemos el trabajo de transcripción y les pedimos disculpa por la demora en la publicación de este material que sin lugar a dudas, siempre es pertinente para nutrir nuestras reflexiones personales y colectivas desde nuestra perspectiva antiautoritaria.

A proposito del letargo, lxs encapuchadxs y la violencia. El mismo Fuego (no son los únicos).

El golpe militar de 1973 marca un quiebre fundamental en el desarrollo de los movimientos sociales, los que se ven truncados bajo el actuar de una dictadura que se encargo de perseguir, torturar y asesinar miles de individuos, a manos de las fuerzas de seguridad del Estado (DINA y CNI) bajo el mando de Augusto Pinochet Ugarte. El asesinato de variados dirigentes y el exilio de las altas cúpulas de los movimientos sociales, genera un deterioro en la lucha. “La violencia ejercida por parte de la dictadura de Pinochet contra la población civil tras el golpe de Estado, no tuvo contemplación alguna con opositores y disidentes. Esta violencia, fue política de Estado durante 17 años, periodo en el que se intentó por todos los medios, acabar con cualquier expresión de disidencia, por lo que innumerables personas fueron víctimas de atropellos, aunque ellas no fueran opositoras acérrimas del régimen de Pinochet, bastaba solo con estar en contra de las disposiciones de la Junta de Gobierno, para ser ejecutado, apresado o exiliado.”7

Los cambios económicos se volvieron irreversibles con la implementación de las políticas neoliberales de la dictadura, las que marcaron la privatización casi total de este país. Por su parte, en la política partidista establecida, siguen participando personajes defensores de la dictadura que se dan la mano con los renovados partidos de izquierda, por último en términos sociales se logro desarticular todo tipo de participación política de los pobladores, se destruyeron todas las organizaciones sociales gracias al miedo, la persecución política o simplemente el asesinato, logrando mantener sumisos a los grupos subalternos que poco a poco han sabido afrontar esta situación.

En coherencia con lo dicho anteriormente, nos encontramos en un escenario donde se erradican los movimientos sociales durante y post dictadura, quedando como único foco de pseudo resistencia el movimiento estudiantil que como muchos sabemos, solo pretende mejorar este sistema, buscando pequeñas reformas y migajas desde el Estado/Capital, sin profundizar en el problema medular (comprendemos que existen y existieron individualidades con una mirada critica a las reformas y que han tenido una continuidad en la lucha, y otro claramente no).

Esto comienza a cambiar radicalmente en manos de ese único foco que quedo vivo, el movimiento estudiantil, lo que nos permite despertar del letargo heredado de la dictadura. Los estudiantes secundarios durante la llamada “Revolución de Los Pinguinos” el año 2006 dan un golpe político-social y mediático en este lugar, generando un quiebre histórico que permite comprender este renacer de los movimientos sociales y con ellos también las protestas “ciudadanas” enmarcadas dentro del “pacifismo” y la ley de quienes nos reprimen. 

Si bien comprendemos y valoramos el cambio del que muchos fuimos participes, nos posicionamos donde siempre hemos estado, el único lugar donde nuestra convicción nos deja estar, en ese irreconciliable lado de la barricada que busca “desbordar al movimiento estudiantil”8 y ciudadano, en el lado de lxs sin nombre, lxs sin historia, lxs sin rostro, lxs nadie, lxs oprimidxs, lxs olvidadxs y digamoslo de una vez, al lado de esa capucha que “de manera anónima y desinteresada, denuncia la aplastante y sistemática miseria que nos obligan a vivir.”9

Ellxs nos asesinan, torturan y encarcelan indiscriminadamente e impunemente, es hora de reivindicar la capucha y la violencia revolucionaria como una vía legitima “Porque recuerda que cualquier acción violenta contra estos promotores de la desigualdad, está plenamente justificada por los siglos de infinita violencia a la que nos han sometido.10

 

 

 

1 Espacios que hacen del encuentro con el otro una capacidad de profundización, organización, acción y lucha. Y aunque siempre se asoman los espectros del asistencialismo, por un lado, y del activismo por el otro, serán en este caso los propios participantes de estos espacios quienes deberán hacer un balance de la situación.

2 Lo antisocial siempre siguió protestando.

3 La huelga que iban a realizar los trabajadores de TMB (Transportes Metropolitanos de Barcelona) coincidía con el Mobile World Congress. Por lo tanto, debido a la importancia del evento y al pánico de que el normal funcionamiento de la ciudad se viese afectado en unas jornadas donde se mueve tanto dinero, el ayuntamiento hizo concesiones y la huelga se echó para atrás, aunque la de usuarios continuó. El último día coincidía con una huelga de estudiantes.

4 Unos días después de la huelga general, en Bilbo, la Ertzaintza vasca mató con uno de estos inofensivos juguetes a un joven, Iñigo Cabacas. En Gasteiz, el mismo día de la huelga, otro joven perdió el conocimiento tras un pelotazo recibido en la cabeza, desde escasos metros de distancia, resultando herido de gravedad.

5 Desde hace años que en Barcelona los medios y políticos hablan de un grupo de violentos «identificado por la policía»…primero eran 200, luego 300, etcétera.

6 «El brote violento en Barcelona tiene una matriz anarcoitaliana», La Vanguardia, 8 de abril de 2012.

7Extraído del escrito de un compa.

8Aprovechamos de difundir y recomendar la lectura del libro publicado hace poco en $hile, “Ciudadanxs no. Desbordando el Movimiento estudiantil”, de editoriales afines (Ediciones Sin Nombre y Afila Tus Ideas Editorial)

9Extraído de un panfleto repartido en alguna manifestación (bastante vieja, pero acorde con nuestra realidad).

10 Escrito del compañero Mauricio Morales.

 

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A la Memoria del Compañero Mauricio Morales Duarte.

La memoria colectiva ha construido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas

Jacques Le Goff

Muchxs pensaran que la memoria y recordar a un/a compañerx, puede ser un acto de amiguismo o quizás una especie de martirización de unx de lxs nuestrxs, como en varias ocasiones hemos escuchado. Pero bien sabemos aquellxs que nos posicionamos irreconciliablemente contra las lógicas del capital, que no olvidar tanto a lxs compañerxs como a los hechos y procesos colectivos son un acto de orgullo y una declaración de guerra contra el poder, ya lo mencionaban unxs compañerxs por ahí, “no olvidar es un ejercicio de honor con nuestros valores”, o como dijo la compa (Gaby) que tampoco olvidamos, “La memoria como un arma, es negarse a la resignación de que nos roben espacios y compañerxs mientras nostrxs observamos como espectadores.”

 Es por esto que hoy recordamos a unx de lxs nuestrxs, hoy es por el Mauri, el mismo que muchxs conocieron y que tantxs se lo arrebataron de sus vocabularios, ya sea por miedo, desmemoria (como lo quiere el poder) o simplemente porque estuvieron de pasada en un mal sueño de guerra de donde solo querían despertar y esta fue su escusa para volver a su función dentro del engranaje, mientras seguimos aquí. Para nosotrxs que no olvidamos y empuñamos el arma de la memoria, apuntamos firmes, orgullosxs e inclaudicables, y gritamos a viva voz el recuerdo del guerrero de la bicicleta, del Mauri.

 No callamos, no calláremos y para aquellxs que no se pronuncian por miedo, o por no quemarse como comentan algunxs, les recordamos que tanto el discurso o el acto narrativo puede ser manipulado consiente o inconcientemente, y pude ejercer una efecto de poder ante lxs individuxs de una sociedad, por lo tanto, no esperaremos que la prensa burguesa manipule y manosee el olvido del compañero, sino que seremos nosotrxs quienes lo mantendremos vivo, en cada acción, en cada panfleto, publicación y humildemente en cada palabra. En recuerdo, en Memoria y en Guerra, seguimos estando contigo compañero Mauricio Morales Duarte

 Hoy por el Mauri, pero no olvidamos a Diego Ríos, a la Gaby, a lxs presxs, Carla, Iván, Juan, Marcelo, Feddy, Tortuga, y muchxs otrxs en todo el mundo…

Empuñamos el Arma y no titubeamos,
Compañero Punky Mauri Presente!!

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Contra la organizacion – Giuseppe Giancabilla

 Tomado de Palabras de Guerra (http://flag.blackened.net/pdg/textos/textos/giuseppi.htm)

 

No podemos concebir que lxs anarquistas establezcan puntos que sigan de forma sistemática como dogmas fijados. Porque, a pesar de que la uniformidad sobre las líneas generales respecto a tácticas a seguir sea algo asumido, estas tácticas pueden llevarse a cabo de cientos de formas diferentes, cada una de ellas con miles de particularidades.

Sin embargo, no queremos programas tácticos, y consecuentemente no queremos organización.Habiendo establecido el objetivo, el fin que debe ser alcanzado, dejaremos que cada anarquista sea libre de elegir los métodos que su sentido, educación, temperamento y su espíritu de lucha le sugieran. No creamos programas fijos, ni formamos grandes o pequeños partidos. Pero nos unimos espontáneamente, sin criterio permanente, en función de afinidades momentáneas para un propósito específico, y disolvemos esos grupos tan pronto como el propósito por el cual nos hemos asociado desaparece, y aparecen otros objetivos y necesidades por las cuales desarrollamos y buscamos nuevas colaboraciones, con gente que piense como nosotros en circunstancias concretas.

Cuando alguno de nosotrxs deja de preocuparse por la creación de movimientos ficticios de individuxs simpatizantes y débiles de conciencia, y se dedica a crear un fermento activo de ideas que nos haga pensar, oirá a menudo a sus amigxs, como golpes de látigo, decir que durante años han estado acostumbrados a otros métodos de lucha, que se te has convertido en un individualista, o en un teórico puro del anarquismo.

No es cierto que seamos individualistas, si entendemos esta palabra en términos de elementos aislados, eludiendo cualquier asociación dentro de la comunidad social y suponiendo que el individuo puede ser suficiente por si mismo. Pero apoyamos el desarrollo de iniciativas libres de individuxs, ¿dónde está el/la anarquista que no quiere ser culpable de este tipo de individualismo? Si un/a anarquista es aquel que aspira a la emancipación de todo tipo de moral y autoridad material, ¿cómo podría no estar de acuerdo con la afirmación de la propia individualidad, libre de obligaciones e influencias autoritarias externas, es absolutamente benigno, es la indicación más clara de la conciencia anarquista?

Ni tampoco somos teóricos puros del anarquismo porque creemos en la eficacia de la idea. ¿Cómo se deciden las acciones, sino a través del pensamiento? Ahora, producir y mantener un movimiento de ideas, es para nosotr@s, el método más efectivo de determinar el curso de las acciones anarquistas, tanto en la lucha práctica como en la lucha por la realización del ideal.

No nos oponemos a los organizadores. Pueden continuar, si quieren, con sus tácticas. Si, como yo creo, no puede traer nada realmente bueno, tampoco puede hacer un gran daño. Pero creo que se han retorcido lanzando sus gritos de alarma y discriminándonos al tacharnos tanto de salvajes como de soñadores teóricos.

Aparecido en WillfullDisobidience

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1era FERIA DEL LIBRO Y PROPAGANDA ANARQUISTA

Para los días 12 y 13 de Mayo del año en curso, se llevará a cabo la Primera Feria del libro y propaganda anarquista en la región chilena.

En esta instancia habrá:

· Discusión
· Foros
· Talleres
· Presentación de Publicaciones y Libros
· Historia
· Música
· Películas
· Teatro
· Trova
· Monólogos
· Espacio Infantil Cuenta Cuentos y Mucho más.

El lugar se está por definir. Pronto mas información

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Presentación.

Durante el desarrollo de la historia, el rol que ha tenido la propaganda dentro y fuera de los movimientos sociales ha sido parte fundamental para el intercambio de conocimientos, y la entrega de información certera de como se suceden hechos relevantes que por urgencia deben ser socializados con la finalidad de no repetir antiguos errores estratégicos y/o tácticos

 El anarquismo no ha sido la excepción para utilizarlo a su favor, promoviendo las posibilidades que existen lejos de toda la jurisdicción estatal/capitalista, y fuera de los margenes de las organizaciones que se pretenden levantar como nuevo orden/estado.

Las ideas contra la dominación han sido las excusas suficientes para alzar el puño y la voz, manifestando la idea de perpetuar el conflicto si lxs miserables nos impiden gozar en plenitud y sin explotación de nuestras vidas.

Impregnando de sangre, fuego y tinta, avanzaron lxs intrépidxs hacia la liberación, expropiando cajas de valores, levantando imprentas, trasnochando días y semanas enteras. Al calor de las batallas se perfeccionaba el oficio, la manera de producir folletos, el arte de sus portadas. Se creaban grupos editores, y de estudios, al mismo tiempo que otros se armaban propagando con el hecho la idea.

Somos el resultado de esa historia, de años de agitación, de batallas y derrotas. Somos portadorxs de esos valores negados. Aparecemos en un momento histórico en el que se baten a duelo antagonistas contra los vencedorxs de siempre. De todo el planeta oímos los gritos, desde Grecia, México, España, Argentina, Indonesia, Bolivia, Italia, y en cada rincón del planeta donde hay un camino sin retorno.

Editorial Puñales con Tinta, se constituye desde la trinchera negadora y destructora de la autoridad, sus principios, sus valores, y todo lo que signifique su existencia. Brotamos desde la Furia incontenible, incapaz de permanecer tranquilxs frente a los cotidianos golpes en nuestras cuerpos, y nuestras maneras de sentir. Llegamos para cooperar en la problematización de las ideas, proporcionando literatura y propaganda que tienda a expandir nuestro conocimiento individual y colectivo, tanto como la discusión y proliferación de nuevas iniciativas de carácter altamente destructivo material e intelectualmente.

Que viva la propaganda por las ideas y por los hechos.

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